Tarada

Soy una tarada. Todos los días me doy cuenta por pequeñas cosas, pero hay días peores que otros. Empezó el año y necesito una agenda nueva. Hace una semana vi con mi amiga Emiliana una que realmente me gustó y tenía todos los detallitos innecesarios que me quería, aparte era de un gato! No un gatito peludo y tierno, sino un gato caritcatura todo negro. La agenda era cara y como mis amigas no me habían comprado mi regalo de cumpleaños, Emi dijo que si esperaba un poco me compraban eso porque en ese momento no tenía plata(por cierto, todavía sigo esperando el regalo). Como me cansé de esperar y vi que tenía descuento con mi tarjeta de crédito en ese negocio por las promociones de navidad, decidí comprármela yo y que ellas elijan otra cosa. Fui al negocio y después de mirar un rato, me dí cuenta que la agenda que yo quería y me parecía cara estaba todavía más cara que antes!!!! Decidí mirar otras para ver si encontraba alguna segunda opción que me hiciera feliz. Debo decir que el display era circular por lo que empecé a dar círculos una y otra vez alrededor de las agendas, abriendo y cerrando bolsitas tipo celofán, mirando y remirando su contenido. Habían agendas de Osho, de mandalas, de Coelho (¿se escribe así?), agendas de Gaturro, Mafalda, y demás bichos que supongo conocen las juventudes de hoy. Pero la que más me llamó la atención entre mis segundas selecciones fue una de la misma editorial que la del gato, sólo que tenía una chica en la tapay era diez pesos más barata. ¡Pero me seguía gustando la del gato! Después de media hora dando vueltas al display (literalmente media hora), ya había visto todas la agendas y los vendedores del negocio me miraban raro. Como para disimular mi indecisión, de vez en cuando miraba el teléfono para hacerles creer que estaba esperando a alguien, que no era solo una tonta que no podía elegir algo tan simple como una agenda... Por precio y contenido, y después de sacarla y volvela a poner cuatro veces en su lugar, decidí llevar la de la chica. Fui a la caja y mientras la cajera estaba atendiendo al cliente anterior, me arrepentí y decidí llevar la del gato... pero bien, ¿cómo iba a volver al reino de las agendas y cambiar la que llevaba después de haber estado eligiendo por tanto tiempo? ¿cómo iba a soportar las miradas de los vendedores (todos hombres, por supuesto) que estaban apostados ahí? Tenía que llevar la de la chica, no había nada que hacerle. Terminaron de atender al otro cliente, me atedieron, pagué y la cajera me pregunta: - ¿para regalo? pienso, pienso... - si -respondo. Si estoy indecisa con algo que le compro a otro es normal. ¡No vayan a pensar que pasé tanto tiempo eligiendo algo para mi! Así que acá estoy, con una agenda cara y que no me gusta tanto envuelta para regalo. Soy una tarada.

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